Desnutricion y desarrollo cerebral

La realidad nos ha demostrado que no es así. Los niños que sufren una desnutrición precoz, el cerebro les crece menos, lo que se demuestra por su menor diámetro craneano en función de la edad (figura 1) (4). Hemos observado que al igual que otros órganos, este se atrofia y pierde volumen.

Hemos comprobado su atrofia mediante una técnica de transiluminación del cráneo. Usando una fuente potente de luz, aplicada a la superficie externa del cráneo, se evidencia el incremento del líquido cefalorraquídeo, secundario a una atrófia cerebral (figura 2) (5).

Por otra parte, tanto nuestras investigaciones realizadas en animales, como lo observado en las autopsias de lactantes fallecidos por desnutrición grave, demuestran graves alteraciones de la estructura neuronal, del número de sinapsis (6) y del funcionamiento de neuronal (figura 3) (7).

Son también numerosas las alteraciones bioquímicas, neurofisiológicas, metabólicas, bioeléctricas y funcionales que allí se producen (figura 4) (8).

Interfiere en el programa de desarrollo genético

El déficit de nutrientes y calorías, interfiere en el programa de desarrollo genético, que según la cuantía del déficit le obliga a seguir vías metabólicas aberrantes, que van dejando secuelas muy difíciles de reparar, ya que pasan a ser defectos estructurales. Normalmente la construcción de la compleja arquitectura cerebral, se va desarrollando en tiempos definidos, que van sucediéndose en etapas que tienen requerimientos nutricionales específicos.

Si faltan los materiales nutricionales y calóricos en alguna de ellas, la estructura cerebral se distorsiona, dejando defectos que posteriormente se pueden manifestar en anomalías que repercuten a lo largo de la vida.

El seguimiento de niños que sufrieron una desnutrición grave durante los primeros dos años de vida (fetal y post natal), demuestra quince años más tarde, la existencia de un retraso significativo en la talla, con desproporciones antropométrica (piernas cortas en relación a la talla), tendencia a la obesidad, dificultades en el aprendizaje, y menor rendimiento intelectual (figura 5) (9).

 

Estudios de seguimiento realizados en Brasil, correlacionan la desnutrición precoz, con la posterior aparición de obesidad, diabetes, hipertensión, y consecuentemente cardiopatías (10). Otros autores señalan también que las limitaciones nutricionales durante la gestación o el primer año de vida, incrementan los riesgos de aparición de enfermedades tan variadas, como la hipertensión, los trastornos cardiovasculares, la diabetes o la obesidad (11).

Es así como cómo en ocasiones factores externos, provenientes del medio ambiente intervienen en el programa genético, induciendo cambios durante la vida del individuo. Más sorprendente es que muchas veces estos cambios se traspasen a la nueva generación. Ello por medio de mecanismos denominados "epigenéticos", que no afectan la estructura de sus genes, sino la cuantía de la expresión de ellos. La epigenética se puede considerar como la adecuación de la expresión genética a los cambios ambientales, sin que necesariamente estos lleguen a modificar las estructuras de su DNA. En experiencias desarrolladas en ratas, sometidas a una restricción calórica durante los primeros siete días de vida, se traduce en una disminución del ritmo de crecimiento en forma permanente, aun cuando se haya normalizado el aporte calórico y nutricional. Del mismo modo, la desnutrición mantenida por generaciones (cinco generaciones), produce un retardo sumatorio del crecimiento, que demora más de dos generaciones en recuperarse totalmente (figura 6) (9). Situaciones similares de alteraciones del crecimiento se han observado en niños que han sufrido desnutrición durante los primeros periodos de la vida como consecuencia de precarias condiciones de vida (12).

 

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