¿Vivir con tartamudez, una carga demasiado pesada?

 

¿Qué es la tartamudez? 

Es un trastorno del funcionamiento motor del habla, de base biológica en donde al hemisferio cerebral izquierdo le cuesta mantener los comandos del habla, que se desencadena por factores de tipo motor, lingüístico o afectivo. Por lo tanto estas personas que científicamente se denominan disfluentes, padecen trastornos de comunicación oral con interrupciones en la fluidez del habla.

Los disfluentes suelen ser discriminados socialmente por su problema, experimentando situaciones traumáticas en cualquier etapa de la vida, pero principalmente cuando se es niño. En la etapa escolar, por ejemplo, las vivencias dolorosas van desde las burlas de sus compañeros y la incomprensión docente (en general, los maestros y profesores no le dan al alumno el tiempo necesario para expresarse), hasta la frustrante situación del rechazo laboral

 

¿Cómo tratar la tartamudez?

Estudios recientes indican que en los adultos, y en especial en los niños, la dificultad pude mejorarse con pronósticos alentadores. Si bien desde entonces tanto las terapias como la prevención han alcanzado importantísimos avances, a la fecha, en los adultos, no se ha logrado curar la tartamudez. Aunque no todos los especialistas concuerdan cuando se trata de definir las causas que la provocan, investigaciones revelan que una de sus causas es neurofisiológica.

En la tartamudez estaría implicada la herencia, siendo los hombres los más afectados :”Padecen este trastorno cinco varones por cada mujer”. Por tanto, habría un elemento  hereditario ligado al sexo, ya que se debe a una utilización distinta de las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje. Algunos especialistas aseguran que el exceso de una hormona llamada dopamina en el cerebro, influye en la disfluencia.

 La disfluencia no es una enfermedad. Pero sí una dificultad que puede producir  angustia para los que la padecen. No obstante, las claves radican, muy por encima de todo, en aceptarse a sí mismo y en tomar el desafío de tener, siempre, algo para decir.

Seis consejos para padres con hijos disfluentes:

  1. Hable con su hijo de un modo lento y pausado. Cuando el niño se dirija a usted, deje que termine lo que está diciendo y espere unos segundos antes de empezar a hablar usted nuevamente. Que usted hable lento y relajado ayudará a su hijo mucho más que cualquier crítica o consejo como por ejemplo “hablá más lento” o “intentalo nuevamente, más despacio”.

  2.  Reduzca la cantidad de preguntas que le hace a su hijo. En lugar de hacer preguntas, simplemente haga comentarios sobre lo que su hijo ha expresado. 


  3. Utilice expresiones faciales y cualquier tipo de comunicación no verbal para comunicar a su hijo que usted está escuchando el contenido del mensaje y no como lo está diciendo.
  4. Disponga de algunos minutos de su tiempo cada día en los que pueda brindar su total atención al niño. Este momento de tranquilidad y calma puede ser constructor de confianza para los niños más pequeños, permitiéndole saber a ellos que usted disfruta de su compañía.


  5. Ayude a todos los miembros de la familia a aprender sobre la toma de turnos y a escuchar. Los niños, especialmente aquellos que tartamudean, encuentran este modo de hablar más fácil cuando hay pocas interrupciones.

  6.  Observe el modo que usted interactúa con el niño. Intente aumentar aquellos momentos que dedica a escuchar a su hijo con todo el tiempo necesario para hablar. Sobre todo, manifieste que usted acepta a su hijo como es. Lo más valioso será el apoyo a su hijo, tartamudee o no.

 

 Fuente: Artículo: 21 OCT 13 | ¿Cómo tratar la tartamudez?: autor Guillermo Marín. Sitio Web: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=81479

Editado por: Al. Postigo, Dra. Daniela Castro, Dr. Pedro Barreda

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