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Hierro y anemia: consecuencias del deficit

 

por Cecilia Yáñez - La Tercera .cl

 

En la etapa de gestación y en los primeros meses de vida, el hierro que circula en la sangre irrigando el cerebro en formación es clave para el desarrollo cognitivo y emocional. Una de las funciones del hierro es participar en la generación de la mielina, sustancia que recubre  las neuronas y que permite la conexión más rápida y efectiva entre ellas. 

 “Si falta hierro en ese período, las células encargadas de hacer esta mielina generan una de mala calidad”, explica  Cecilia Algarín, neuróloga del Laboratorio del Sueño y Neurobiología Funcional del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (Inta) de la U. Chile. Eso significa que estos niños aprenderán más lento, demorarán más en planificar y decidir y emocionalmente serán más desanimados.

Ahora, una nueva investigación, liderada por Cecilia Algarín y Patricio Peirano, también del Inta, revela que las consecuencias de ese déficit persisten a lo largo de los años, aun cuando se normalice el nivel del hierro en la primera infancia.

La investigación lleva más de 20 años.

Con apoyo de los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU. (NIH) y algunos Fondecyt, los investigadores han evaluado en distintos períodos aspectos neurobiológicos y de sueño de un grupo de 250 niños que a comienzos de los 90, cuando se inició el estudio, tenían seis meses de edad. La mitad de ellos tenía déficit de hierro y éste fue suplementado. La otra mitad actuó como grupo control.

LAS MEDICIONES

 

A los seis meses se sometió a los niños a una prueba para determinar la velocidad con la que un sonido determinado llegaba a una zona del cerebro llamada mesencéfalo o cerebro medio. Con electrodos en la cabeza y audífonos, se determinó que la señal sonora en los niños que habían tenido déficit de hierro se demoraba en promedio 20% más por cada milisegundo que en el grupo de control. “En ningún caso estos niños son sordos, pero si se busca un ejemplo se puede decir que si la mamá les habla por 20 minutos, hay unos cuatro en los que ellos no estuvieron atentos o no entendieron bien”, dice Algarín.

A los 12 y 18 meses de edad se les repitió la prueba: algunos niños no sólo mantenían esa diferencia, sino que la habían incrementado. El patrón de sueño de estos niños también estaba alterado: presentaban desorden del sueño, movimientos oculares y activación motora, lo que se traducía en que se movieran mucho antes de dormir y algo menos durante el sueño. “Esto afecta el aprendizaje, porque no tienen un buen dormir y no consolidan lo que aprenden de igual forma que los niños sin déficit de hierro”.

 

Las pruebas se repitieron a los cuatro años. Las diferencias auditivas se mantenían y nuevas pruebas mostraron que el estímulo visual también se transmitía más lento en los niños que habían tenido déficit de hierro. A nivel de sueño, el grupo control dormía mejor. “Algunos estudios han relacionado estas dificultades de sueño con depresión y pudiera ser que en estos niños también se estuviera afectando el desarrollo emocional y no sólo cognitivo”, agrega Algarín.

MAS PASIVOS

Cuando tenían 10 y 15 años las pruebas se centraron en el potencial cognitivo. Los ahora adolescentes debían presionar un botón cada vez que apareciera una imagen y dejar de hacerlo cuando apareciera una “X”, mientras se seguía sus reacciones con imágenes cerebrales. Los más grandes hacían algo similar, pero con una recompensa si lo hacían bien. ¿Resultado? Los niños que habían tenido déficit de hierro se tomaban más tiempo para responder y fallaban más veces.

“Estos niños son más pasivos y tienen un ánimo más bajo. No tienen tanto interés en buscar amigos y son menos curiosos. Si deben elegir una solución entre varias alternativas ponen igual atención, pero se demoran un poco más en decidir y no siempre la respuesta es la más acertada, porque la capacidad de decidir y jerarquizar están afectadas”, resume Algarín.

Las funciones ejecutivas (como decidir, jerarquizar o planificar) se ven afectadas porque el hierro también está relacionado con la dopamina, neurotransmisor clave en el ánimo, el aprendizaje y la memoria. Para que se creen receptores de dopamina se requiere hierro en altas cantidades en la etapa fetal y de recién nacido.

Hoy, los 250 niños que participan del estudio tienen, en promedio, 21 años. Las pruebas a esta edad -que ya se iniciaron- son la última etapa del estudio

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