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Nutrición para el desarrollo y la función del cerebro

 

células nerviosas se denominan neuronas e interactúan entre ellas. Sin embargo, el cerebro es el órgano más complejo y acerca del cual menos sabemos. Contiene aproximadamente cien mil millones de células neuronales rodeadas por células gliales que les brindan sostén y nutrición (casi exclusivamente glucosa). Las neuronas se comunican con sus propias prolongaciones mediante señales eléctricas y entre sí a través de señales químicas: cada neurona recibe señales provenientes de centenares o miles de otras neuronas. Las neuronas están agrupadas en estructuras que poseen funciones específicas; a pesar de una enorme cantidad de investigaciones a través de diferentes disciplinas, todavía sabemos poco acerca de la forma en que funciona el cerebro. Una analogía muy frecuente compara al cerebro con un computador. Aparte del hecho que ambos utilizan señales eléctricas y de que son capaces de operar a altas velocidades, es el cerebro el que ha diseñado a la computadora y la evolución de la computadora depende de la continua evolución del cerebro y no de la situación opuesta. Esto lleva a plantear dos preguntas de tipo filosófico: ¿puede el cerebro llegar a entender al cerebro? Y, de manera más importante ¿puede el cerebro entender a la mente?.

¿De qué manera se desarrolla y funciona el cerebro?

Obviamente, el crecimiento y la plasticidad del cerebro son aspectos que encierran considerable interés, ya que se ha pensado por mucho tiempo que una vez que ha madurado, el cerebro sería incapaz de repararse tal como lo hacen otros órganos.

De acuerdo con Dobbing [1], el cerebro comienza a aumentar el número de sus células en forma dramática cerca de la décima semana después de la concepción y este proceso continúa velozmente hasta la 20ava semana después de la concepción y luego más lentamente a partir de ese momento y hasta bastante después del nacimiento. El volumen cerebral se duplica entre el nacimiento y los seis meses de vida, se triplica entre el nacimiento y los dos años de edad y alcanzará el volumen del adulto cerca de los cinco años de edad.



Después del nacimiento no sólo continua aumentando el número de células, contrariamente a un concepto antiguo que sostenía que el cerebro había completado su desarrollo en el momento de nacer, sino que, lo que es extremadamente importante, sufre un proceso de remodelación, con desaparición de aquellas neuronas y conexiones que no han sido utilizadas, al mismo tiempo que, bajo el efecto de estímulos sensoriales, se establece un número inmenso de nuevas conexiones que dan origen a redes muy complejas. Esta idea pone énfasis en la importancia de los estímulos durante el período crítico que representan los primeros años de vida [2].

Los lactantes quienes por razones socioeconómicas no han recibido estimulación adecuada durante los primeros meses de vida, sufrirán déficits neurológicos que pueden manifestarse en forma de atrofia de algunas regiones de la corteza del cerebro. Este daño se vuelve permanente a menos que se aplique una estimulación adecuada en forma suficientemente precoz.

La importancia de la estimulación durante esta fase de la remodelación cerebral puede explicar por qué algunas regiones del cerebro conectadas con los órganos estimulados de manera más intensa, como la retina, el olfato, el sentido del gusto, la audición y las manos se desarrollan y tienen mayor tamaño que aquellas conectadas con otros órganos menos estimulados, como pueden ser los muslos, o la pared abdominal o el tórax.

El rendimiento intelectual es verdaderamente el producto del funcionamiento cerebral. Puede ser medido en forma más o menos objetiva, pero siempre es cuantificado como un resultado. Llama la atención el observar que muy pocos estudios acerca de los efectos del funcionamiento cerebral toman en consideración los posibles mecanismos. Generalmente se considera al cerebro como una caja negra: se le proporciona información acerca de una tarea que debe realizar, así como un nutriente y se observa de qué forma dicha tarea es efectuada. Sólo recientemente una variedad de técnicas de imagenología ha permitido observar in vivo ciertas funciones y efectos en forma tal que pueden ser relacionados con mecanismos [3]. Estos aspectos novedosos de la investigación del sistema nervioso central todavía están en una etapa inicial, pero ya permiten obtener resultados concluyentes respecto de los efectos de la nutrición sobre el rendimiento de las funciones intelectuales (Desnutrición precoz y daño del capital humano). No cabe duda de que estas nuevas herramientas, sorprendentes y muy poderosas, representarán un estímulo para nuestro conocimiento y comprensión del cerebro, especialmente porque será posible asociar funciones con mecanismos.

Conclusiones

En conclusión, la nutrición óptima durante el embarazo, comenzando por asegurar que el aporte de ácido fólico sea adecuado incluso antes de la concepción, y continuando después del nacimiento (en especial en el caso del hierro) es indispensable para el normal desarrollo del cerebro. Sin embargo, la estimulación y la expresión de cariño por el lactante y el preescolar probablemente son tan importantes como la nutrición. La suplementación con vitaminas, elementos traza, oligonucleótidos, aminoácidos y ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga en cantidades excesivas respecto de los requerimientos normales, de acuerdo con los conocimientos actuales no mejorará aún más el desarrollo del sistema nervioso central ni servirá de sustituto para los cuidados y el cariño. No cabe duda que lo que consumimos influye en las funciones cerebrales y, por lo tanto, puede tener efectos sobre el estado y el rendimiento mentales. Sin embargo, estos efectos son difíciles de evaluar científicamente porque son débiles y, en parte, subjetivos. Una gran proporción de los consumidores quisiera ensayar productos de los que se sostiene que restauran o incluso estimulan las funciones cerebrales. Muchos productos existentes en el mercado proclaman estos efectos, especialmente suplementos alimenticios o alimentos funcionales. Sin embargo, la legislación existente todavía es débil y permite la formulación de claims vagos, que frecuentemente engañan al consumidor. Se están creando sistemas que ayudarán a la industria a proponer, y al consumidor encontrar, productos seguros, eficientes y confiables.

 

( Creces, 2016 )

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